La economía española después del “Brexit”

Muchas veces las crisis son el resultado de un error de cálculo. Un referéndum pensado para ser ganado “de calle” y fortalecer un liderazgo político, produjo resultados inversos a los deseados. No solo ese liderazgo terminó, sino que además comenzó una crisis política y económica de escala europea e incluso global. Es un gran ejemplo (ojalá recordado por mucho tiempo) de los peligros de poner bajo decisión popular asuntos complejos que no cabe analizar en “tuits” y eslóganes.

Pensé que el Reino Unido permanecería en la UE. Razones históricas, económicas y de todo tipo conducían a esa decisión “lógica”. De hecho, las encuestas fueron siempre favorables a esa permanencia hasta inicios de junio e incluso aún había algunas que lo fueron hasta el último momento.

Las consecuencias del Brexit pueden analizarse desde diferentes ángulos. Me limitaré a su impacto sobre la economía española. Las repercusiones sobre misma son directas e indirectas, y se manifiestan por dos canales: el financiero y el comercial.

El canal financiero es donde la reacción es más inmediata. Esto es así porque reflejan cambios en las expectativas y en la confianza. Bolsa, títulos públicos y tipos de cambio se ven alterados. La violencia de la reacción muestra que era generalizada la expectativa de un triunfo de la permanencia (idea que se había reforzado tras el horrible asesinato de la diputada Cox).

Las variaciones en las cotizaciones (caída de la bolsa, subida de la prima de riesgo, etc.) son dañinas. Pero también es negativa la volatilidad. Es decir, el no saber dónde estamos situados. Mientras los mercados financieros no se estabilicen, es difícil hacer una estimación precisa del coste económico de esta nueva situación. Sí se puede anticipar que cuanto más grandes sean las variaciones y más tiempo dure la volatilidad, peores serán las consecuencias.

También se puede adelantar que, casi con toda seguridad, el Brexit significará para España un menor nivel de actividad y empleo de los que se podrían haber alcanzado si el Reino Unido hubiese decidido permanecer en la UE.

Más del 7% de las exportaciones españolas van al Reino Unido. El nivel de actividad en la economía británica será menor que el esperado hasta hace unas pocas semanas. Eso es así porque una mayor incertidumbre suele traducirse en una menor inversión y un menor consumo de bienes duraderos. Además, la devaluación de la libra respecto del euro implica que los productos españoles son más caros para los británicos. Menor actividad y devaluación confluyen para dificultar las exportaciones españolas a dicho mercado.

Los demás países de la UE también enfrentarán la misma dificultad. En particular nos preocupan Francia, Alemania, Italia y Portugal, que juntos absorben más del 40% de las exportaciones españolas. En la medida en que estos países puedan exportar menos a Reino Unido, su actividad económica sufrirá. Y esa menor actividad también complicará el panorama exportador español.

La devaluación de la libra tiene dos consecuencias adicionales. Por un lado, implica que para los británicos será más caro viajar a España. Por otro, las pensiones que cobran los miles de jubilados británicos que residen en España valdrán menos euros. Ambos elementos convergen en un debilitamiento de la demanda para los sectores turístico y del comercio al por menor, principalmente.

Esos impactos negativos podrían ser compensados, al menos parcialmente. Por ejemplo, el Banco Central Europeo podría ampliar sus estímulos monetarios. Los resultados de las elecciones en España evitaron un nuevo golpe a la confianza al haber desactivado (al menos de momento) la posibilidad de un gobierno con influencias “bolivarianas”. La rápida formación del nuevo gobierno y la ratificación de las políticas de reducción del déficit fiscal y reformas económicas serían muy útiles para consolidar la confianza y minimizar los costes del Brexit.

 

Publicado en OKdiario el 30-6-2016