2011-2015: una legislatura para sacar la economía del hospital

Imaginemos a una persona que sufre un accidente grave. Es trasladada al hospital, la operan con éxito y queda ingresada en la UCI. Tiempo después, la mejoría de su salud permite trasladarla a planta.

Finalmente, abandona el hospital para continuar la rehabilitación de forma ambulatoria. Eso mismo es lo que le ha ocurrido a la economía española a lo largo de la legislatura que termina. Tuvo una fuerte conmoción, fue “intervenida quirúrgicamente” y ahora acaba de dejar el hospital. Su recuperación no es aún completa, pero ya puede andar por su propio pié.

La rápida acumulación de desequilibrios entre 2004 y 2007, la crisis global de 2008-2009 (en 2009 el PIB cayó 4,4% en la UE, 2,8% en EE.UU. y 5,5% en Japón) y los errores de política económica entre 2004 y 2011 (que se sintetizan en la “burbuja” de gasto público, que aumentó un 65% entre 2003 y 2009), constituyeron un “accidente” muy grave para la economía española.

Durante 2012 se produjo una cirugía mayor con anestesia limitada. Por ejemplo, de manera simultánea se comenzó a reducir el déficit fiscal (con aumentos de impuestos y un recorte de gastos de 32.000 millones de euros), a reformar el sistema financiero (nacionalización de Bankia, test de estrés, asistencia financiera de la UE, etc.) y se hizo la reforma de la legislación laboral más profunda desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores en 1980. También se pusieron en marcha los fondos de pago a proveedores y de liquidez autonómica para combatir la asfixia financiera en que estaba la economía.

El año siguiente, 2013, fue el de la estancia en la UCI (leyes de unidad de mercado, factor de sostenibilidad, apoyo a emprendedores, etc.), que se pudo abandonar en 2014, el primer año con crecimiento económico desde 2008. En lo que llevamos de año, el nivel de actividad económica así como la evolución del empleo y del saldo exterior son mejores de los que se esperaban en diciembre de 2014. Al impacto positivo de la “cirugía mayor” y de otras medidas puestas en práctica (nuevas reducciones del déficit fiscal, rebaja de impuestos, etc.) se sumó la caída del precio del petróleo y el inicio de la compra de bonos por parte del Banco Central Europeo.

No puede considerarse como “hospitalizada” una economía que crece a un ritmo superior al 3%, que acumula tres trimestres con expansión simultánea en cada uno de los rubros que componen el Consumo, la Inversión y las Exportaciones (cosa que no sucedía desde 1999) y que además ha creado 544.700 empleos en los últimos 12 meses.

Pero, por otra parte, tampoco puede considerarse restablecida si esa misma economía aún tiene el segundo mayor déficit fiscal de la UE (apenas superada por Chipre), una tasa de paro superior al 20% y deudas pública y exterior que en ambos casos rondan el 100% del PIB.

Por eso, que la economía española haya salido del hospital no significa que esté “dada de alta”. Para que eso se produzca, deberán cumplirse al menos tres condiciones:

– Seguir reduciendo el déficit fiscal y volver a colocar la deuda pública dentro de los límites pactados con la UE (máximo de 60% del PIB frente al 98% actual);

– Mantener el superávit en la cuenta corriente del balance de pagos para reducir a la mitad el endeudamiento exterior, para lo cual es imprescindible conservar las ganancias de competitividad de los últimos años;

Disminuir la tasa de desempleo a menos del 15% (la media de los 10 años anteriores a la crisis fue de 11,2%); para ello hay que perseverar en las muchísimas microrreformas que son necesarias, por ejemplo, para remover los obstáculos que dificultan el crecimiento de las pequeñas empresas y para dar una oportunidad de empleo a los 2,2 millones de personas que llevan más de dos años desocupadas.

Sea quien fuere el próximo presidente, debería saber que la economía española, como cualquier convaleciente, necesita completar el “tratamiento” para poder ser “dada de alta”. Nosotros, como ciudadanos, deberíamos saber que la alternativa al “tratamiento” no es una cura mágica o instantánea, que no existe. La alternativa al “tratamiento” es recaer y volver al hospital.

 

Publicado en Expansión.com el 15-12-2015