Cómo garantizar el futuro de las pensiones de forma razonable

Las más recientes proyecciones de la Comisión Europea (“2015 Ageing Report”) indican que en 2040 España tendrá dos millones de habitantes menos que hoy. Sin embargo, habrá 5,5 millones más de personas mayores de 65 años y 5,5 millones menos de personas en edad de trabajar (aquellos con entre 15 y 64 años). Si ahora hay 3,7 personas en edad de trabajar por cada mayor de 65 años, en 2040 habrá 1,8.

Pese a las reformas hechas al sistema de pensiones (incremento de la edad de jubilación a 67 años, extensión del período de cómputo a 25 años, factor de sostenibilidad – reduce la pensión inicial a medida que crece la esperanza de vida -, cambio en la fórmula de revalorización anual, etc.), el envejecimiento de la población hará crecer el gasto en pensiones contributivas en casi un punto porcentual hasta el equivalente a 9,1% del PIB en 2040 (a lo que se suma otro 3% por pensiones de incapacidad y otras).

¿Se podrán pagar las pensiones? En principio, sí. Con los supuestos prudentes que incluyen las proyecciones, habrá que hacer un esfuerzo mayor, pero dentro de lo “razonable”. Eso sí, la pensión media valdrá menos que hoy. En la actualidad, la misma equivale al 60% del salario promedio. En 2040, esa relación caerá hasta el 45%.

Entiéndase bien: el envejecimiento de la población es tal, que los cambios en el sistema apenas alcanzan para hacerlo financieramente viable con pensiones más bajas. Por lo tanto, las promesas que se escuchan para rebajar la edad de jubilación o para revalorizar “generosamente” las pensiones se hacen para incumplirse (es decir, se miente) o sin conocer estos datos (es decir, por irresponsabilidad).

¿Y si la realidad es peor de lo que dicen las proyecciones? La Seguridad Social aún tiene algunas cartas que jugar para garantizar las pensiones. Por ejemplo, en 18 países de la UE la pensión inicial se calcula teniendo en cuenta toda la vida laboral (en España, los últimos 25 años). Hay seis países en los que la edad de jubilación en 2040 será de más de 67 años (70 en Dinamarca). Subir las cotizaciones sociales no sería una buena idea: España ya tiene las cuartas más altas de la UE, solo detrás de Hungría, Bélgica y Portugal. Subir los impuestos para pagar las pensiones sería una idea aún peor.

¿Hay otra solución? Sí. Convertir el sistema de pensiones actual en uno de capitalización. Ahora tenemos un sistema “de reparto”: las pensiones se pagan con lo que cotizan los trabajadores. Por eso el sistema se debilita con el paro y con el empleo informal o cuando la población envejece. En un sistema de capitalización, uno sigue aportando a la Seguridad Social, pero esta apunta en una cuenta las aportaciones realizadas por cada individuo. Al jubilarse, la pensión se paga con lo ahorrado por cada uno (ya no hay reparto). Cada uno puede jubilarse a la edad que quiera, pues eso no daña al sistema. Un sistema de capitalización no impide la solidaridad, pues se puede establecer una cantidad fija para todos, independientemente de lo cotizado.

Convertir el actual sistema de reparto en uno de capitalización no es tarea fácil. Por caso, sería necesario definir la transición, porque solo los más jóvenes tienen tiempo para capitalizar sus aportaciones. Durante un tiempo (en torno a 30 años), el sistema sería mixto (reparto y capitalización al mismo tiempo). Tampoco es imposible. Chile, que cambió su sistema en 1980, es un ejemplo de que se puede hacer.

Lo relevante para el ciudadano de a pie es saber que convertir el sistema de pensiones en uno de capitalización es lo que más le conviene. Es más justo (se cobra lo aportado) y es la única forma de garantizar que el sistema no quiebre, protegiendo las pensiones de las “ocurrencias” de los políticos de turno (que pueden tomar decisiones pensando en los votos de hoy aunque perjudiquen las pensiones de mañana).

 

Publicado por Diego Barceló Larran en La Información.com el 26-06-2015