El “anestesista” Draghi y el déficit fiscal autonómico

Por cuarto año consecutivo, el conjunto de comunidades autónomas incumplió el objetivo de déficit fiscal acordado con la Comisión Europea.

En 2014 el mismo alcanzó a 1,7% del PIB frente a una meta del 1%. La desviación, de siete décimas, triplica la del 2013 (apenas dos décimas). Lo peor es que por primera vez desde 2011 el déficit fiscal de las autonomías aumentó (en 2013 el mismo había sido de 1,5% del PIB).

Si en 2013 nueve comunidades cumplieron el límite pactado, en 2014 fueron solo cuatro: Navarra, Islas Canarias, País Vasco y Galicia. Otras cinco incumplieron el tope marcado, pero al menos redujeron su desequilibrio: Aragón, Andalucía, Castilla-La Mancha, Murcia y Castilla y León.

Las demás autonomías aumentaron su déficit aunque también cabe hacer distinciones. Por un lado están Asturias, Baleares, Cantabria, Madrid y La Rioja, que tienen un déficit fiscal igual o menor a la media pese al incremento. Distinto es el caso de Cataluña y la Comunidad Valenciana, que aumentaron su déficit pese a que ya se contaban entre las regiones con mayores desequilibrios. Junto con Murcia y Extremadura, son las únicas autonomías en las que el déficit fiscal supera el 2% del PIB.

Los malos datos de Cataluña y la Comunidad Valenciana son las principales responsables del mal resultado general: si se excluyen ambas comunidades se encuentra que el déficit fiscal conjunto de las restantes 15 fue del 0,9% del PIB, es decir, dentro del límite pactado con Bruselas.

También es posible hacer una lectura menos complaciente. El saldo primario es la diferencia entre los ingresos y los gastos no financieros (es decir, excluyendo el pago de intereses de la deuda pública). Un año más, todas las comunidades autónomas tuvieron déficit primario. Esto implica que todas tuvieron que endeudarse para pagar no solo una parte de sus gastos corrientes sino también la totalidad de los intereses de sus respectivas deudas. Es obvio que endeudarse para pagar los intereses es una dinámica insostenible.

La causa fundamental de la crisis económica de la que ahora empezamos a salir fue el aumento temerario del gasto público unido a la falta de reformas económicas. En el caso de las autonomías, el gasto no financiero creció un 71% entre 2003 y 2009. Por ejemplo, entre esas fechas, los gastos de gestión (consumos intermedios) y las subvenciones se duplicaron, mientras que las prestaciones sociales casi se triplicaron. La crisis demostró que ese nivel de gasto era insostenible y que se había engañado a los ciudadanos, prometiéndoles unas prestaciones que no se podían financiar.

Si comparamos el gasto del conjunto de autonomías de 2014 con el de 2003 vemos que las únicas partidas que se han ajustado son la inversión pública (es ahora un 36% menor) y la cooperación internacional (cayó a la mitad). Por caso, los gastos de gestión son un 78% más altos y el gasto en personal es un 47% mayor (pese al recorte del salario de los funcionarios; la inflación acumulada en ese período es de 29%).

Aunque en nueve comunidades se redujo, el gasto no financiero global de las autonomías creció un 0,6% en 2014. En particular, dado su elevado déficit fiscal, resultan preocupantes los incrementos registrados en Cataluña (+3,5%) y Comunidad Valenciana (+1,8%). Aunque en menor medida, también preocupa su aumento en Extremadura (+2,1%) puesto que es la comunidad donde el gasto autonómico supone una mayor proporción del PIB (24%, frente a una media del 15%).

Cada uno puede poner los matices que desee en relación con la situación fiscal particular de cada autonomía. Con todo, creo que el déficit autonómico es un problema al que debería darse prioridad, más allá de que la “anestesia general” que supone la política monetaria súperexpansiva del BCE parezca quitarle urgencia. De lo contrario, como ya deberíamos haber aprendido, tendremos que hacerlo cuando el viento vuelva a soplarnos en contra.

 

Publicado por Diego Barceló en Expansión el 22-05-2015