¿“Austericidio” o “deudicidio”?

Expansion_logoEs habitual escuchar a diversos dirigentes políticos criticar las “políticas de austeridad” que supuestamente se han seguido en España. Sin embargo, un sencillo análisis de las cuentas de las Administraciones Públicas describe a un sector público “gastizo” más que a uno “austero”.

Es verdad que entre 2009 y 2014 el gasto anual no financiero de las AAPP (es decir, sin contar el pago de intereses de la deuda pública) se redujo un 10% (desde 465.000 millones de euros hasta 416.500 millones). Lo que muchas veces se olvida es que entre 2003 y 2009, ese gasto no financiero creció ¡un 65%! Eso equivale a un aumento de 183.000 millones de euros anuales.

Detrás de ese gigantesco aumento están las múltiples “burbujas” a las que fue sometida la economía española desde el sector público. Una fue la “burbuja” del empleo público, que entre 2003 y 2009 aumentó un 13% (más del doble que el empleo en el sector privado). Otra fue la “burbuja” de la licitación oficial, que en el mismo período creció un 50%. Y también puede mencionarse la “burbuja de los nuevos derechos”: el gasto en prestaciones sociales (distintas de las pensiones y de las prestaciones por desempleo) se incrementó un 81%.

Durante seis años seguidos (2003 a 2009), el gasto público no financiero se incrementó a un ritmo medio de 2.540 millones de euros por mes. Es decir que, cada semana, durante 290 semanas, las AA.PP. gastaron 635 millones de euros más que la semana anterior. Hasta que las “burbujas” explotaron.

Los recortes que se han hecho desde entonces, a pesar de que en algunos casos han supuesto un gran sacrificio para la sociedad, han sido necesarios para devolver el gasto público a un nivel más “razonable”. Deshacer los recortes y aumentar el gasto público hasta los niveles anteriores equivaldría a volver a engañar a la sociedad, dándole algo que no se puede financiar. Además, implicaría una gran irresponsabilidad.

Los recortes de gastos y los aumentos de impuestos no han evitado que,desde 2008 hasta 2014 inclusive, las Administraciones Públicas gastaran 560.000 millones de euros más de lo que ingresaron (¡un déficit medio de 9 millones de euros por hora, incluso mientras dormimos, durante siete años!). Esos recortes y esos mayores impuestos tampoco evitarán, a pesar de la recuperación de la economía, que vuelvan a registrarse déficits públicos por lo menos hasta 2018, que añadirán otros 100.000 millones de euros a la deuda pública.

Así, llegamos a la increíble conclusión de que durante el período de supuesta “austeridad” la deuda pública se multiplicó por más de dos. De 440.000 millones de euros en que se encontraba al final de 2008, pasamos al más de un billón de la actualidad.

No nos engañemos: el aumento de la deuda pública no se explica por el rescate bancario (en rigor, rescate a las cajas de ahorro). El rescate supuso un aumento de la deuda pública de unos 45.000 millones, es decir, menos de un 8% de su incremento total.

Tampoco nos engañemos con soluciones mágicas como la “reestructuración” de la deuda pública. Nosotros, los españoles, somos los principales acreedores de la misma, sea a través de fondos de inversión, planes de pensiones, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, etc. Cualquier “quita” significaría un nuevo golpe a nuestros propios bolsillos.

Durante los años de bonanza, el gasto público se aumentó más allá de lo razonable. Luego, la crisis se enfrentó aumentándolo aún más. Lo que vino después, que equivocadamente algunos llaman “austeridad”, es apenas un proceso de aceptación de la realidad. Es imposible gastar permanentemente más de lo que se ingresa. La alternativa a reducir el déficit público es cometer un “deudicidio”: gastar hasta que la deuda pública se haga insostenible y resolver el problema con una nueva crisis. Estamos a tiempo de evitarlo. Hagámoslo.

 

Publicado por Diego Barceló Larran en Expansión el 30/01/2015