¿Ha llegado el momento de aumentar los salarios?

LaInformacion_logoLos economistas solemos hablar del mercado laboral como si fuera una única cosa. Sin embargo, la verdad es que existen miles de mercados laborales interactuando al mismo tiempo. Cuando hacemos referencia al mercado laboral, en rigor, nos referimos a datos medios de todos esos mercados.

Por ejemplo, los ingenieros en telecomunicaciones y las empresas que demandan esas habilidades constituyen un mercado laboral, que a su vez se desagrega según la edad (experiencia) de esos ingenieros. Además, la situación que enfrenta cualquier colectivo difiere entre autonomías: una cosa es Navarra, con una tasa de paro de 14,9%, y otra Andalucía, donde el desempleo alcanza al 35,2%. A su vez, el mercado laboral es uno para las Pymes y otro para las grandes empresas, del mismo modo que también es diferente según el sector de actividad en que actúe cada compañía. Que una empresa sea española o extranjera supone una variable adicional que también debe considerase para definir el mercado laboral que cada uno se encuentre.

La diversidad de situaciones que coexisten hace que no haya una respuesta única para la pregunta que abría este artículo. Lo mejor es que trabajadores y empleadores busquen la respuesta más adecuada a su situación particular. Así, por caso, una empresa grande, sin problemas financieros, que exporta maquinaria especializada, debería estar en mejores condiciones para considerar un incremento salarial que una empresa constructora, endeudada, que actúa en la Región de Murcia. Una compañía que exporte textiles o automóviles, tendrá más difícil aumentar los salarios pues perdería competitividad respecto de terceros países que podrían arrebatarle mercados. Por el contrario, una empresa pequeña o mediana, en fuerte crecimiento, del sector de la consultoría informática, sí podría querer aumentar salarios para retener a sus mejores empleados y atraer nuevo talento.

De lo anterior pueden extraerse dos conclusiones. La primera es que cada uno, en mayor o menor medida, dispone de la herramienta más efectiva para potenciar su desarrollo profesional (incluyendo un salario mayor): la capacitación. En la medida que uno sepa resolver más problemas y hacer más cosas (sean idiomas, aplicaciones informáticas o habilidades para negociar o hablar en público), estará en mejores condiciones de exigir un salario más alto y será más probable que haya alguien dispuesto a pagarlo. Se podrán hacer muchos matices (por ejemplo, los arquitectos enfrentan un panorama más difícil que otras profesiones, lo mismo que quienes están en Andalucía o Islas Canarias, únicas autonomías donde el paro supera el 30%), pero el hecho de que una mayor capacitación aumenta las oportunidades laborales y salariales es indiscutible. Por eso, cualquiera que realice una tarea no especializada, a pesar de trabajar en una empresa grande y próspera, tendrá más difícil lograr un incremento salarial pues se enfrenta con la competencia de miles de desocupados dispuestos a hacer sus tareas por una remuneración igual o incluso menor.

Un dato confirma lo anterior. Desde 2008 hasta aquí, el grupo de personas con educación primaria perdió 1,7 millones de empleos (una caída del 57,6%). En cambio, a pesar de la crisis económica, quienes cuentan con educación universitaria consiguieron 354.900 empleos (+5,1%).

La segunda conclusión es que cualquier “recomendación” general de aumento de salarios, sea para todo un sector o, peor aún, para todo el país, será más perjudicial que beneficiosa para la mayoría más allá de las buenas intenciones que se tengan. Dado que esos “acuerdos” se alcanzan atendiendo la mayor cantidad posible de situaciones, a unos se les privará de obtener una mejora salarial mayor y a otros, los parados, se les dificultará más el acceso a un empleo.

Es lógico pretender un salario mayor, en muchos casos merecidamente. Sin embargo, conviene recordar las lecciones de la historia. En 2009, por cláusulas de ajuste de convenios firmados antes de la crisis, el poder adquisitivo del salario medio creció 3,4% mientras se perdían casi 1,2 millones de empleos. ¿De qué sirvió ese aumento si al mismo tiempo un hijo, una esposa o un hermano se quedaron sin trabajo?

 

Publicado en Lainformacion.com el 4/12/14